jueves, 6 de septiembre de 2018

Después de un año de estudios y de insistencia de mi parte a los médicos de "Medicina Familiar" del IMSS, por fin accedieron a enviarme al especialista. Una vez con el ginecólogo, le explique mis síntomas; cólicos tan fuertes que me impedían realizar mis actividades cotidianas, inflamación, dolor pélvico, que en ocasiones me impedía caminar, sangrado abundante con coágulos y mis múltiples intentos de quedar embarazada sin éxito.

Fue entonces cuando me dijo que podría padecer endometriosis, que para realizar un diagnóstico de esta afección era necesaria una laparoscopia exploratoria, me explico el procedimiento y me indico estudios de tiempos de coagulación. Además, me proporciono una hoja para el banco de sangre, ya que debía llevar un donante.

La parte del donante fue la más compleja, pues los donantes que lleve, ambos fueron rechazados, por lo tanto, tarde algunos meses en conseguir uno que fuera aceptado por el sistema. 

Según nos explicaron, el nuevo sistema de donaciones que maneja el IMSS es más cuidadoso y exigente para recibir la sangre, nos comentaban que anteriormente se realizaban a criterio del médico basados en los resultados de la muestra de sangre, pero que ahora, los resultados son ingresados a un sistema el cual dictamina si el candidato es aceptado o no (esta información nos la proporciono el personal médico del banco de sangre), de cualquier modo, dejo aquí los "Requisitos y preguntas frecuentes para donación de sangre en el IMSS"

Acudí nuevamente al ginecólogo para presentar el sello del banco de sangre y me sorprendí bastante, pues me programaron para cirugía a los 8 días, por lo tanto, tenía que hacer los ajustes necesarios en casa y en el trabajo. Pero también decidí preparar mi cuerpo; normalmente consumo una vez al día una pastilla de ácido fólico y complejo B, por lo tanto, opté por complementar esa semana mi dieta con comida más sana, menos grasas y, sobre todo, tuve cuidado con los alimentos que consumía, es decir, esa semana consumí solo alimentos preparados en casa.
Dejo aquí:





Unos días antes, me citaron para una charla con la trabajadora social, en donde explica lo que debemos o no traer, no es una sesión personal, pues reúne a todas las personas que se someterán a diferentes cirugías. En mi caso, nos indicó lo que debíamos comer antes de ingresar, así como los objetos personales que debíamos traer al momento de nuestro ingreso.

Al fin llego el día de mi ingreso al hospital, fue un domingo por la tarde y la cirugía estaba programada para el lunes por la mañana. En la clínica del IMSS donde acudí, me recibieron en el área de urgencias. Yo llevaba una bolsa de mano con mis objetos personales, la trabajadora social que me recibió a mí y a otra chica, me indico que debía llevar mis cosas en una bolsa de plástico transparente, esto debido a que seriamos hospitalizadas en el área de recién nacidos y lo hacían por seguridad. Amablemente una afanadora me obsequio una de las bolsas limpias que tenía en su bodega y pude cambiar mis cosas.

Al llegar al piso que me asignaron, el enfermero me coloco la pulsera con mis datos personales y me dio una bata, indicándome el lugar donde me debía cambiar y el número de cama que me correspondía.

Una vez con mi bata, me dirigí a la cama que me asignaron, en ese mismo lugar acondicionado para seis personas, se encontraban ya cinco mujeres.

En ese momento comencé a sentirme nerviosa, pues observaba a todas las mujeres canalizadas y algunas quejándose del dolor, en fin.

Alrededor de las 19:00 horas, llevaron la cena, sé que a muchas personas no les gusta la comida de hospital, pero en mi caso, yo no consumo sal y el azúcar solo en bajas cantidades, así que la comida del hospital para mi gusto, estaba aceptable.

La enfermera me indico que después de las 11 de la noche no debía consumir ningún alimento sólido, también me dijo que vendría después a realizarme un enema (lavado intestinal), dejo aquí un enlace para conocer el procedimiento.

Debido a la indicación solo consumí el agua que me habían dejado a la hora de la cena. Al llegar la media noche la enfermera acudió a realizarme el enema, coloco un pañal para adulto sobre la cama y me dio indicaciones, colocándome de costado, en realidad es una sensación sumamente desagradable, pero debo entender que esto es parte del procedimiento. Una vez que termino, me dijo que me darían ganas de ir al baño, y que la intención era que mi intestino quedara lo más limpio que se pudiera. Me informó que a las 6 de la mañana haría el mismo procedimiento nuevamente.

La noche fue pesada, supongo que un poco por los nervios y otro poco porque las camas de hospitales no son muy cómodas que digamos.

A las 6 de la mañana la enfermera me realizo nuevamente el segundo enema, y me dijo que tenía que bañarme, e hizo énfasis en que no debía mojarme la cabeza, ya que no podría ingresar al quirófano con la cabeza mojada, no pregunte la razón, pero supongo que es porque el quirófano es un lugar muy frío.

A las 8:30, la enfermera me coloco vendas en ambos pies y me indico que me sentara en una silla de ruedas, coloco mi expediente en la parte trasera y bajamos al quirófano, una vez ahí, me entrego con otra enfermera quien me llevo a una banca en donde permanecí sentada alrededor de 45 minutos. De pronto llego una estudiante de medicina a hacerme algunas preguntas, como; si sabía lo que me harían, qué había comido, si había tenido cirugías anteriormente, etc. Realizo las anotaciones correspondientes en mi expediente.

Un poco más tarde vino el cirujano y la estudiante leyó el resumen de mis respuestas, el médico me dijo que unos momentos realizarían el procedimiento. Momentos después vino el anestesiólogo, se presentó y me hizo las mismas preguntas y otras diferentes.

Aquí me gustaría detenerme un poco, sé que muchas veces el servicio de salud de México ha tenido muchas críticas, sin embargo, debo decir que el personal que me atendió en ese momento, todos fueron muy amables y siempre trataron de que me sintiera tranquila.

Al cabo de unos minutos se presentó otra enfermera, me dijo que ella me acompañaría en la cirugía y que me canalizaría, debo ser honesta, mi nerviosismo era este momento, no la cirugía, por alguna razón me aterraba que me canalizaran, así que decidí respirar hondo y profundo para tratar de tranquilizarme, en realidad no sentí mucho dolor así que me fue rápido y sencillo.

Me quede sola por unos instantes, y comencé a sentirme mal, quizá fue la presión, no lo sé, pero sabía que si me fallaba la presión, no me realizarían el procedimiento, y pensé para mis adentros, que no había hecho todo y llegado tan lejos como para que eso me detuviera, así que hice ejercicios de respiración y poco a poco me sentí un poco mejor, justo estaba en eso, cuando la enfermera me llamo, así que camine hacia la cama de cirugías, haciendo mis ejercicios de respiración, me ayudaron a subirme pues soy una mujer de estatura un poco baja, me acosté en la plancha con los brazos abiertos, el anestesiólogo me coloco un esfigmomanómetro en el brazo, un medidor de pulso cardíaco en el dedo y una especie de ventosas en mi pecho, me dijeron que cerrara los ojos y que respirara.





Desperté en una cama, a un costado de la banca donde había estado esperando para ingresar al quirófano, me percate que tenía muchas cosas conectadas, en mi nariz tenía una manguera de oxígeno, intente mover mis pies, pero sentí dolor en mi pierna derecha, unos minutos después comencé a sentir un dolor pélvico muy fuerte, sin embargo, digamos que en mi menstruación mi dolor pélvico se mide en una escala del 1 al 10, y había tenido en los últimos meses un 10, por no decir 12. En esta ocasión mi dolor pélvico era de 8, trate de ser valiente y no dije nada, al cabo de unos minutos una enfermera se me acerco y me pregunto, cómo me sentía, le dije que tenía mucho dolor en mi espalda baja, me dijo que regresaba en unos minutos, cuando regreso, coloco en el aparato de canalización un medicamento, que calmo el dolor muy rápidamente, obviamente me dio el nombre del medicamento, pero honestamente no lo recuerdo, supuse que aun estaría un tiempo en recuperación, así que decidí cerrar los ojos y dormir. Después de (en realidad no sé cuánto tiempo) me despertó la enfermera, me dijo que me subiría a piso. Fue entonces cuando vi, me sentí aterrada, tenía una sonda, Dios santo, jamás me habían puesto una sonda, y es una de las cosas a las que más le temía, ahora el dolor de mi pierna derecha tenía sentido.

Llegue nuevamente a mi cama de hospital, hasta este momento yo no sabía nada sobre el procedimiento, y si habían encontrado algo. Al poco tiempo se acerco mi mamá, me dijo que el médico había salido a darle los pormenores de la cirugía, le comento que había encontrado adherencias de muchos años, que me limpio lo más que pudo y que efectivamente el diagnostico era endometriosis.

Parecerá insensato, pero, la verdad, me alegre, de verdad sentí alegría, no me juzguen, ahora explicare la razón. Si leyeron un post anterior llamado “¿Cómo me diagnosticaron endometriosis?”, notaran que he sufrido de esta enfermedad desde hace más de 18 años, es decir, han sido años de dolor y, además, años de ser incomprendida, de ser juzgada, como la mujer que no aguanta nada, como la mujer floja, la mujer gorda, la mujer con dolor de cabeza. 

Yo sabía que algo me pasaba, yo sabía que algo no estaba bien conmigo, y este diagnóstico me daba la razón a mí, ahora quisiera tener frente a mí a todos esos doctores que me atendieron por años, hombres y mujeres, que me dijeron que el dolor era normal, que todas teníamos dolor, que debía de ser fuerte, que solo tomara agua, que me pusiera compresas calientes, que tomara té de manzanilla, jamás esas recomendaciones me sirvieron, y yo solo me sentía agotada y con dolor, y así fue por muchos años, por fin tenía una respuesta, aunque parezca increíble, que nadie me hacía caso, esa es la verdad, así me paso a mí.

Si alguien lee esto y es mujer, quiero decirte que el dolor no es normal, las mujeres no debemos sufrir en nuestros días, el sufrimiento no es normal.




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