Es sábado por la mañana, el día
se ve prometedor, buen clima para hacer diferentes actividades, me levanto,
comienzo el día con buena actitud, pero conforme avanza, comienzo a sentirme
fatigada, lo único que quiero es estar en cama, la luz es muy intensa, me duele
una parte de mi cabeza, trato de seguir el ritmo, mi familia no se percata, de
verdad lo estoy intentando y parece que lo estoy logrando, cuando me doy
cuenta, mi cara ha cambiado de semblante, parezco molesta, cansada, fastidiada,
no, no son ustedes, no, tampoco soy yo.
He mejorado mi alimentación, como
verduras, saque de mi dieta alimentos procesados, tomo mis vitaminas, pero
parece que no funciona.
Al siguiente día me siento mal
conmigo misma, siento que no me estoy esforzando. Trato de hacer cosas que me
gustan, pero no, no puedo, tal parece que lo que antes me interesaba, ahora ya
no, tengo pensamientos pesimistas; no puedo ser madre, todo el tiempo estoy
cansada, no me puedo concentrar, no puedo hacer nada bien, y no me siento
feliz. Me pregunto si así será siempre, si habrá en algún momento una solución,
una cura.
Un estudio publicado por la revista
de obstetricia ginecológica y reproducción humana (Journal of Gynecology
Obstetrics and Human Reproduction), y realizado a 1156 mujeres, indica
que los síntomas asociados a la endometriosis no solo se resumen en los síntomas
clínicos ya conocidos, como dolor, malestar general, dismenorrea, entre otros,
sino que también esta afección altera la calidad de vida de las mujeres, ya que
existen síntomas llamados no clínicos como; depresión, fatiga o falta de energía
y aislamiento.
Los cuestionarios aplicados a
estas mujeres contaban con preguntas abiertas y cerradas, en las cuales se englobaron
20 temas, en relación a las preguntas abiertas, el estudio publicó la correspondencia
entre temas, resaltando los de mayor interés.
Para el 26% de las mujeres la
fertilidad es uno de los temas que más tienen presente, el 25% manifestaron algún
tipo de queja sobre los efectos secundarios de los tratamientos a los que han
sido sometidas, el 21% dijo estar agradecida por los estudios que se están realizando
para el tratamiento de esta enfermedad, el 15% expresaron pensamientos sobre su
futuro con esta enfermedad, el 17% manifestó que una de sus preocupaciones es
la falta de conocimiento de la enfermedad, inclusive por parte de los propios médicos
y el 13% expreso que sufrían de fatiga que les impedía tener una buena calidad
de vida (Chauvet et al., 2018).
Ilustración 1 Correspondencia entre temas de comentarios
abiertos y cuestionarios (SF-36 y EHP-30), (Chauvet et al., 2018)
La endometriosis es una afección poco
comprendida, que nos ataca por diferentes frentes, como mencionaba
anteriormente, la lucha no solo es física, si no también social y emocional,
muchas de las mujeres que padecemos endometriosis, tenemos dificultades para
mantener un trabajo, para realizar las actividades que cualquier mujer sin esta
afección puede realizar. La depresión, la fatiga crónica son síntomas que no están
considerados por muchos médicos o centros de salud.
En mi caso, comencé a sentir
depresión y perder el interés por cosas y actividades que anteriormente me
motivaban, y llegué a sentirme culpable, pues, me preguntaba; ¿en qué momento me
volví tan perezosa? Pero no, no es mi culpa, mi enfermedad me gobierna y no sé, ni nadie me dice, cómo
controlarlo.
Pero mi objetivo, es buscar la manera de aprender a que no me afecte más haya de lo que yo se lo permita.
Referencias
Chauvet, P.,
Guiguet-Auclair, C., Comptour, A., Denouël, A., Gerbaud, L., Canis, M., &
Bourdel, N. (2018). Feelings and expectations in endometriosis: Analysis of
open comments from a cohort of endometriosis patients. Journal of Gynecology
Obstetrics and Human Reproduction, 47, 281–287.
https://doi.org/10.1016/j.jogoh.2018.05.010
Después de un año de estudios y de insistencia de
mi parte a los médicos de "Medicina Familiar" del IMSS, por fin
accedieron a enviarme al especialista. Una vez con el ginecólogo, le explique
mis síntomas; cólicos tan fuertes que me impedían realizar mis actividades
cotidianas, inflamación, dolor pélvico, que en ocasiones me impedía caminar,
sangrado abundante con coágulos y mis múltiples intentos de quedar
embarazada sin éxito.
Fue entonces cuando me dijo que podría padecer
endometriosis, que para realizar un diagnóstico de esta afección era necesaria
una laparoscopia exploratoria, me explico el procedimiento y me indico estudios
de tiempos de coagulación. Además, me proporciono una hoja para el banco de sangre,
ya que debía llevar un donante.
La parte del donante fue la más compleja, pues
los donantes que lleve, ambos fueron rechazados, por lo tanto, tarde algunos
meses en conseguir uno que fuera aceptado por el sistema.
Según nos explicaron, el nuevo sistema de
donaciones que maneja el IMSS es más cuidadoso y exigente para recibir la
sangre, nos comentaban que anteriormente se realizaban a criterio del médico
basados en los resultados de la muestra de sangre, pero que ahora, los
resultados son ingresados a un sistema el cual dictamina si el candidato es
aceptado o no (esta información nos la proporciono el personal médico del banco
de sangre), de cualquier modo, dejo aquí los "Requisitos y
preguntas frecuentes para donación de sangre en el IMSS"
Acudí nuevamente al ginecólogo para presentar el
sello del banco de sangre y me sorprendí bastante, pues me programaron para
cirugía a los 8 días, por lo tanto, tenía que hacer los ajustes necesarios en
casa y en el trabajo. Pero también decidí preparar mi cuerpo; normalmente
consumo una vez al día una pastilla de ácido fólico y complejo B, por lo tanto,
opté por complementar esa semana mi dieta con comida más sana, menos grasas y,
sobre todo, tuve cuidado con los alimentos que consumía, es decir, esa semana
consumí solo alimentos preparados en casa.
Unos días antes, me citaron para una charla con
la trabajadora social, en donde explica lo que debemos o no traer, no es una
sesión personal, pues reúne a todas las personas que se someterán a diferentes
cirugías. En mi caso, nos indicó lo que debíamos comer antes de ingresar, así
como los objetos personales que debíamos traer al momento de nuestro ingreso.
Al fin llego el día de mi ingreso al hospital,
fue un domingo por la tarde y la cirugía estaba programada para el lunes por la
mañana. En la clínica del IMSS donde acudí, me recibieron en el área de
urgencias. Yo llevaba una bolsa de mano con mis objetos personales, la
trabajadora social que me recibió a mí y a otra chica, me indico que debía
llevar mis cosas en una bolsa de plástico transparente, esto debido a que
seriamos hospitalizadas en el área de recién nacidos y lo hacían por seguridad.
Amablemente una afanadora me obsequio una de las bolsas limpias que tenía en su
bodega y pude cambiar mis cosas.
Al llegar al piso que me asignaron, el enfermero
me coloco la pulsera con mis datos personales y me dio una bata, indicándome el
lugar donde me debía cambiar y el número de cama que me correspondía.
Una vez con mi bata, me dirigí a la cama que me
asignaron, en ese mismo lugar acondicionado para seis personas, se encontraban
ya cinco mujeres.
En ese momento comencé a sentirme nerviosa, pues
observaba a todas las mujeres canalizadas y algunas quejándose del dolor, en
fin.
Alrededor de las 19:00 horas, llevaron la cena,
sé que a muchas personas no les gusta la comida de hospital, pero en mi caso,
yo no consumo sal y el azúcar solo en bajas cantidades, así que la comida del
hospital para mi gusto, estaba aceptable.
La enfermera me indico que después de las 11 de
la noche no debía consumir ningún alimento sólido, también me dijo que vendría
después a realizarme un enema (lavado intestinal), dejo aquí un enlace para conocer
el procedimiento.
Debido a la indicación solo consumí el agua que
me habían dejado a la hora de la cena. Al llegar la media noche la enfermera
acudió a realizarme el enema, coloco un pañal para adulto sobre la cama y me
dio indicaciones, colocándome de costado, en realidad es una sensación
sumamente desagradable, pero debo entender que esto es parte del procedimiento.
Una vez que termino, me dijo que me darían ganas de ir al baño, y que la
intención era que mi intestino quedara lo más limpio que se pudiera. Me informó
que a las 6 de la mañana haría el mismo procedimiento nuevamente.
La noche fue pesada, supongo que un poco por los
nervios y otro poco porque las camas de hospitales no son muy cómodas que digamos.
A las 6 de la mañana la enfermera me realizo
nuevamente el segundo enema, y me dijo que tenía que bañarme, e hizo énfasis en
que no debía mojarme la cabeza, ya que no podría ingresar al quirófano con la
cabeza mojada, no pregunte la razón, pero supongo que es porque el quirófano es
un lugar muy frío.
A las 8:30, la enfermera me coloco vendas en
ambos pies y me indico que me sentara en una silla de ruedas, coloco mi
expediente en la parte trasera y bajamos al quirófano, una vez ahí, me entrego
con otra enfermera quien me llevo a una banca en donde permanecí sentada alrededor
de 45 minutos. De pronto llego una estudiante de medicina a hacerme algunas
preguntas, como; si sabía lo que me harían, qué había comido, si había tenido
cirugías anteriormente, etc. Realizo las anotaciones correspondientes en mi
expediente.
Un poco más tarde vino el cirujano y la
estudiante leyó el resumen de mis respuestas, el médico me dijo que unos
momentos realizarían el procedimiento. Momentos después vino el anestesiólogo,
se presentó y me hizo las mismas preguntas y otras diferentes.
Aquí me gustaría detenerme un poco, sé que muchas
veces el servicio de salud de México ha tenido muchas críticas, sin embargo,
debo decir que el personal que me atendió en ese momento, todos fueron muy
amables y siempre trataron de que me sintiera tranquila.
Al cabo de unos minutos se presentó otra
enfermera, me dijo que ella me acompañaría en la cirugía y que me canalizaría,
debo ser honesta, mi nerviosismo era este momento, no la cirugía, por alguna
razón me aterraba que me canalizaran, así que decidí respirar hondo y profundo
para tratar de tranquilizarme, en realidad no sentí mucho dolor así que me fue
rápido y sencillo.
Me quede sola por unos instantes, y comencé a
sentirme mal, quizá fue la presión, no lo sé, pero sabía que si me fallaba la
presión, no me realizarían el procedimiento, y pensé para mis adentros, que no
había hecho todo y llegado tan lejos como para que eso me detuviera, así que
hice ejercicios de respiración y poco a poco me sentí un poco mejor, justo
estaba en eso, cuando la enfermera me llamo, así que camine hacia la cama de
cirugías, haciendo mis ejercicios de respiración, me ayudaron a subirme pues
soy una mujer de estatura un poco baja, me acosté en la plancha con los brazos
abiertos, el anestesiólogo me coloco un esfigmomanómetro en el brazo, un
medidor de pulso cardíaco en el dedo y una especie de ventosas en mi pecho, me
dijeron que cerrara los ojos y que respirara.
Desperté en una cama, a un costado de la banca
donde había estado esperando para ingresar al quirófano, me percate que tenía
muchas cosas conectadas, en mi nariz tenía una manguera de oxígeno, intente
mover mis pies, pero sentí dolor en mi pierna derecha, unos minutos después
comencé a sentir un dolor pélvico muy fuerte, sin embargo, digamos que en mi
menstruación mi dolor pélvico se mide en una escala del 1 al 10, y había tenido
en los últimos meses un 10, por no decir 12. En esta ocasión mi dolor pélvico
era de 8, trate de ser valiente y no dije nada, al cabo de unos minutos una
enfermera se me acerco y me pregunto, cómo me sentía, le dije que tenía mucho
dolor en mi espalda baja, me dijo que regresaba en unos minutos, cuando
regreso, coloco en el aparato de canalización un medicamento, que calmo el
dolor muy rápidamente, obviamente me dio el nombre del medicamento, pero
honestamente no lo recuerdo, supuse que aun estaría un tiempo en recuperación,
así que decidí cerrar los ojos y dormir. Después de (en realidad no sé cuánto
tiempo) me despertó la enfermera, me dijo que me subiría a piso. Fue entonces
cuando vi, me sentí aterrada, tenía una sonda, Dios santo, jamás me habían
puesto una sonda, y es una de las cosas a las que más le temía, ahora el dolor
de mi pierna derecha tenía sentido.
Llegue nuevamente a mi cama de hospital, hasta
este momento yo no sabía nada sobre el procedimiento, y si habían encontrado
algo. Al poco tiempo se acerco mi mamá, me dijo que el médico había salido a
darle los pormenores de la cirugía, le comento que había encontrado adherencias
de muchos años, que me limpio lo más que pudo y que efectivamente el
diagnostico era endometriosis.
Parecerá insensato, pero, la verdad, me alegre,
de verdad sentí alegría, no me juzguen, ahora explicare la razón. Si leyeron un
post anterior llamado “¿Cómo me diagnosticaron endometriosis?”, notaran que he
sufrido de esta enfermedad desde hace más de 18 años, es decir, han sido años
de dolor y, además, años de ser incomprendida, de ser juzgada, como la mujer
que no aguanta nada, como la mujer floja, la mujer gorda, la mujer con dolor de
cabeza.
Yo sabía que algo me pasaba, yo sabía que algo no
estaba bien conmigo, y este diagnóstico me daba la razón a mí, ahora quisiera
tener frente a mí a todos esos doctores que me atendieron por años, hombres y
mujeres, que me dijeron que el dolor era normal, que todas teníamos dolor, que debía
de ser fuerte, que solo tomara agua, que me pusiera compresas calientes, que
tomara té de manzanilla, jamás esas recomendaciones me sirvieron, y yo solo me sentía
agotada y con dolor, y así fue por muchos años, por fin tenía una respuesta,
aunque parezca increíble, que nadie me hacía caso, esa es la verdad, así me
paso a mí.
Si alguien lee esto y es mujer, quiero decirte
que el dolor no es normal, las mujeres no debemos sufrir en nuestros días, el
sufrimiento no es normal.