domingo, 16 de septiembre de 2018

Después de la laparoscopia, pase una noche terrible, muy incómoda y dolorosa. Sin embargo, soy una persona que cree que una de mis misiones en la vida, es sacarle una sonrisa a las personas que ama, así que comencé a hacerle bromas a mi mamá y a mi esposo, sobre que había olvidado decirle al médico que “ya que andaba por ahí, me hiciera la lipo (refiriéndome a la liposucción)” y cosas así. Porque ok entiendo que nosotras pasamos el dolor, pero también existe un daño colateral en nuestros familiares.

Al día siguiente, la enfermera me dijo que debía sentarme, poco a poco, hasta lograr incorporarme, de manera que debía comenzar a caminar ese mismo día, sinceramente yo no quería moverme, el dolor era fuerte, y en mi pierna derecha sentía un dolor muy particular, era la sonda, al cabo de unas horas vino una doctora, se miraba un poco malhumorada, me dijo que me revisaría y presiono con sus manos mi vientre, del lado derecho y del lado izquierdo, en un lado no dolió y en otro sí, justamente del lado que doctor mencionó que tenía más adherencias.  La doctora, me llamo la atención porque aún no me paraba a caminar, así que le dije que tenía dolor en mi pierna, por la sonda, fue entonces cuando le llamo la atención a la enfermera en turno, pues según esto debía haberme quitado la sonda desde la madrugada. En fin, en ese mismo instante vino la enfermera y me quito la sonda, sentí un dolor terrible, fue rápido su movimiento, pero doloroso, bueno, la incomodidad se había acabado.

Aquí dejo un vídeo que muestra, cómo se coloca una sonda vesical, enlace.
Entonces me incorporé, poco a poco, me sentía sucia, me sentía cansada y adolorida, después de unos minutos, comencé a caminar en el pasillo, al verme la enfermera me pregunto si me sentía bien, le dije que sí, entonces me dijo que podía bañarme.

Me bañé y después vino una estudiante de medicina, me hizo unas preguntas y hacia énfasis en si había orinado, le dije que no, que no tenía mucho que me habían quitado la sonda. Me respondió que si no orinaba ese día no me podía ir a casa. Lo que yo deseaba era irme lo más pronto posible, el dolor es más soportable en casa, bueno eso creo yo, así que después de un rato, le pedí a mi mamá que me ayudara a ir al baño, intente orinar y si, lo logre, así que con toda la intención de que me dieran el alta, camine hacia el lugar donde están los médicos, para que me vieran caminando y le dije a la estudiante de medicina que ya había orinado, solo le hice una seña de pulgares arriba, a lo que respondió levantando los pulgares de ambas manos, honestamente fue más cómodo tratar con esta chica que con la doctora.
Me dieron el alta, en realidad no me indicaron ninguna dieta y solo me dieron medicamento para la inflamación y el dolor.

Me dieron 20 días de incapacidad, durante mi recuperación cuide mucho la limpieza de mis heridas, en realidad eran 3 muy pequeñas, una en el ombligo y las otras dos en mi vientre una de cada lado, me dolían y podía ver las suturas. 

Mi cuñada, que es médico, estaba muy atenta a si me sentía mal o si tenía fiebre, afortunadamente no, no tuve fiebre y día a día el dolor y la inflamación bajaban. También me dio la indicación de que no debía tener las heridas tapadas, es decir no vendas ni gasas, que era necesario que recibieran el aire para que cicatrizaran lo más pronto posible. Aquí debo decir que yo tenía la necesidad de tener las heridas cubiertas, no lo sé, me sentía más segura, pero mi familia, todo el tiempo estuvo al pendiente de que siguiera las instrucciones correctamente, también me dijo que me bañara con jabón neutro, y que debía caminar mucho, cabe decir que en el IMSS no me dieron ninguna indicación de estas, yo solo seguí los consejos de mi cuñada, que es médico y que honestamente, me ayudaron a tener una pronta recuperación.

Así, cada día que pasaba me sentía mejor, cada día podía caminar más tiempo, obviamente no salía a la calle a caminar, sino que lo hacía dentro de la casa o el jardín.
Pasaron los 20 días y me debía presentar en el trabajo, el dolor era menos, pero cada vez, que me sentaba y me paraba, me dolía la herida del ombligo. Me presenté a trabajar y trataba de permanecer en mi oficina, le dije a mi jefe que aún no podía subir y bajar escaleras, y tuve la suerte de que me dieran todas las facilidades, por esos días. Poco a poco me fui recuperando hasta que llego el día en que dejo de dolerme la herida del ombligo, me atrevería a decir que desapareció después del mes de la cirugía. 

Debo decir que temía mi primera regla después de la laparoscopia, obviamente siempre le temo a mi regla, pero en esta ocasión mi expectativa era alta, en mi mente soñaba que no existiría dolor, ni inflamación, ni dolor de cabeza, ni gases, ni diarrea.  

Pues bien, la regla llego con unos pocos días de retraso, lo que supuse que era normal debido a la intervención y los medicamentos que me suministraron. Llego el día de mi regla, todo bien, todo totalmente anormal para mí, no sentía dolor, ni estaba inflamada, esa vez, pude hacer mi vida normal, como cualquier mujer sin este padecimiento, me sentía en lo gloria.

El médico dijo que retiro adherencias de muchos años atrás y que había hecho un lavado total. Así que en esa ocasión no falte al trabajo, hice mis actividades normales y me sentí bien, como no me había sentido en muchos años.

Sin embargo, tenía en mi mente, que esta tranquilidad era solo por un periodo corto, que esta enfermedad no tiene cura, que a veces vuelve lentamente o con más fuerza, pero mientras eso pasará, disfrute esos días.


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